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viernes, 1 de octubre de 2010

COMPLICE MADRUGADA




Madrugada lluviosa y fresca, amiga de los  pensamientos, del callado llanto,  que nadie oye, que se conforma con que ruede una lágrima  de sal y melancolía.

La madrugada es  cómplice. Cómplice  de los deseos y sentimientos. De  palabras que  se dice  al oído mientras Él  duerme, ajeno a todo, hasta de mí.

Madrugada azul oscura, con olor a mar y tierra húmeda, donde la hembra se vuelve etérea y vuela hasta sus sueños y rebusca en ellos, pero le puede su boca y le besa ..aún dormido.

Madrugada tranquila y callada, como lo son las buenas compañías.
Acaricias la mente y la  piel envolviendo  en tu sinrazón, en el juego eterno, esto de vivir.

Madrugada iluminada por la luna, una sola luna para todo el mundo, sirve como espejo y muéstrale el sentir.

Madrugada, dueña de los  versos e ilusiones. Dueña del  cuerpo y las  pasiones.
Dueña del tiempo.

Madrugada, anda  dile  como Le pienso…
                                                                     sonata

lunes, 20 de septiembre de 2010

AMO A LAS MUJERES

Amo a las mujeres                  de                        primavera...            
Aquellas que llenan de melodía los rincones oscuros de la vida...
Aquellas que extienden sus ojos hasta los pensamientos
Aquellas que son dueñas de su propio silencio.

Amo a las mujeres que juegan al descuido
Aquellas que aman de madrugada

Aquellas que alizan sus cabellos sin dar la espalda 
Aquellas que sueñan con el tiempo.


Precioso poema encontrado en esta página web:
http://elcadaverdelzilencio.blogspot.com/2008_09_21_archive.html

sábado, 18 de septiembre de 2010

PUTA.



No es el reptil
que tienta con su boca ávida
desde el viejo manzano
del bien y el mal.

Ni Lilith,

ni una de tantas
nefandas encarnaciones del pecado.

Ni vedette proletaria,

ni siquiera
la devaluada y tropical
sacerdotisa de Venus
con que desean confundirla
sus dizque adoradores.

Una mujer al uso,

que se toma, se llena,
se quiebra y se repone
como una pieza más en la vajilla cotidiana
de los hombres;
para que la otra,
la, supuestamente, de lujo
jamás se descascare,
se desdore, ni pierda
el precioso y suntuario
estatus que le da la posesión.

Pero, al cabo,

detrás de la falacia,
ambas se sienten
igual que cualquiera de las dos vajillas:
larga y desdeñosamente
usadas
por un cuerpo que jamás comprenderá
a la piel que lo envuelve.

La misma piel que sabe

que hay un sordo desprecio
aun en el fondo del más hondo deseo
y que hay un resto de humillación
en cada entrega.
                                         Carmen Gonzalez Huguet
 

UNA MUJER Y UN HOMBRE

Una mujer y un hombre llevados por la vida,
una mujer y un hombre cara a cara
habitan en la noche, desbordan por sus manos,
se oyen subir libres en la sombra,
sus cabezas descansan en una bella infancia
que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz,
una mujer y un hombre atados por sus labios
llenan la noche lenta con toda su memoria,
una mujer y un hombre más bellos en el otro
ocupan su lugar en la tierra.
                                       Juan Gelman

viernes, 17 de septiembre de 2010

VIVIENDA DE PÁJAROS


Oh
Yo la hallada en el desierto
luminosa e inédita
domada
bendigo esta jaula
de los pies a la cabeza
del techo a la última raíz
y la proclamo
almacén de todas mis alas
prisión de un pájaro íntimo
y asombroso.
(hermoso! )

Aurora Arias. Poeta dominicana.

martes, 24 de agosto de 2010

TU ACERO EN MI FUEGO





Tu Acero en mi Fuego es como líquido.. que hierve y se extiende..desborda y crece.
Tus manos recorren, mi vientre silente, que espera tu lava como tierra obediente.
Tu boca jugosa, traviesa y espléndida que posee mi cuerpo como rio a las piedras.
 Y yo.. me dejo.
 Me dejo y disfruto todas tus locuras, intensas y duras, tiernas y rudas.
Y velo tus sueños como angel nocturno, pensado dónde andarás que mis sueños vuelas.
 Y de sorpresa acaricias mi pelo, hundes tus dedos en mi madeja.. Me dejas saber que te pertenezco como nunca antes supe que era.
Y así te conozco, amigo de siempre..amante nuevo..que... prefiero lo primero antes que perderte.
                                                       
                                                                      sonata 

miércoles, 11 de agosto de 2010

LOBA

 
Loba esteparia, solitaria,
garras al viento
arrebatando corazon de fuego
amando contra la nieve, contra el granizo avanzando.
loba que sufre y aulla a la luna corazón valiente.
como ella ninguna sombras y oscuridades feroces
a todas ellas ha vencido, con voces  enfrentada a la vida.
violenta aferrada colmillo a colmillo, lo intenta lobezna que protege, 
su vida lobezna tierna, dulce y querida  
la nieve ha rajado, 
sus labios consejo de lobos,
los más sabios esteparia,
melancólica y aguerrida loba solitaria,
arrebatando la vida.



http://cafepoetico.forumotion.net/poemas-surrealistas-f9/loba-t4338.htm

domingo, 1 de agosto de 2010

Cortázar.




 
















El argentino que se hizo querer de todos
Por Gabriel García Márquez
   Fui a Praga por última vez hace unos quince años, con Carlos Fuentes y Julio Cortázar. Viajábamos en tren desde París porque los tres éramos solidarios en nuestro miedo al avión y habíamos hablado de todo mientras atravesábamos la noche dividida de las Alemanias, sus océanos de remolacha, sus inmensas fábricas de todo, sus estragos de guerras atroces y amores desaforados.
   A la hora de dormir, a Carlos Fuentes se le ocurrió preguntarle a Cortázar cómo y en que momento y por iniciativa de quién se había introducido el piano en la orquesta de jazz. La pregunta era casual y no pretendía conocer nada más que una fecha y un nombre, pero la respuesta fue una cátedra deslumbrante que se prolonga hasta el amanecer, entre enormes vasos de cerveza y salchichas de perro con papas heladas. Cortázar, que sabía medir muy bien sus palabras, nos hizo una recomposición histórica y estética con una versación y una sencillez apenas creíbles, que culminó con las primeras luces en una apología homérica de Thelonius Monk. No sólo hablaba con una profunda voz de órgano de erres arrastradas, sino también con sus manos de huesos grandes como no recuerdo otras más expresivas. Ni Carlos Fuentes ni yo olvidaríamos jamás el asombro de aquella noche irrepetible.
    Doce años después vi a Julio Cortázar enfrentado a una muchedumbre en un parque de Managua, sin más armas que su voz hermosa y un cuento suyo de los más difíciles: La noche de Mantequilla Nápoles. Es la historia de un boxeador en desgracia contada por él mismo en lunfardo, el dialecto de los bajos fondos de Buenos Aires, cuya comprensión nos estaría vetada por completo al resto de los mortales si no la hubiéramos vislumbrado a través de tanto tango malevo; sin embargo, fue ese el cuento que el propio Cortázar escogía para leerlo en una tarima frente a la muchedumbre de un vasto jardín iluminado, entre la cual había de todo, desde poetas consagrados y albañiles cesantes, hasta comandantes de la revolución y sus contrarios. Fue otra experiencia deslumbrante. Aunque en rigor no era fácil seguir el sentido del relato, aún para los más entrenados en la jerga lunfarda, uno sentía y le dolían los golpes que recibía Mantequilla Nápoles en la soledad del cuadrilátero, y daban ganas de llorar por sus ilusiones y su miseria, pues Cortázar había logrado una comunicación tan entrañable con su auditorio que ya no le importaba a nadie lo que querían decir o no decir las palabras, sino que la muchedumbre sentada en la hierba parecía levitar en estado de gracia por el hechizo de una voz que no parecía de este mundo.
    Estos dos recuerdos de Cortázar que tanto me afectaron me parecen también las que mejor lo definían. Eran los dos extremos de su personalidad. En privado, como en el tren de Praga, lograba seducir por su elocuencia, por su erudición viva, por su memoria milimétrica, por su humor peligroso, por todo lo que hizo de él un intelectual de los grandes en el buen sentido de otros tiempos. En público, a pesar de su reticencia a convertirse en un espectáculo, fascinaba al auditorio con una presencia ineludible que tenía algo de sobrenatural, al mismo tiempo tierna y extraña. En ambos casos fue el ser humano más importante que he tenido la suerte de conocer.
    Desde el primer momento, a fines del otoño triste de 1956, en un café de París con nombre inglés, adonde él solía ir de vez en cuando a escribir en una mesa del rincón, como Jean-Paul Sartre lo hacía a trescientos metros de allí, en un cuaderno de escolar y con una pluma fuente de tinta legítima que manchaba los dedos. Yo había leído Bestiario, su primer libro de cuentos, en un hotel de Lance de Barranquilla donde dormía por un peso con cincuenta, entre peloteros más mal pagados y putas felices, y desde la primera página me di cuenta de que aquél era un escritor como el que yo hubiera querido ser cuando fuera grande. Alguien me dijo en París que él escribía en el café Old Navy, del boulevard Saint Germain, y allí lo esperé varias semanas, hasta que lo vi entrar como una aparición. Era el hombre más alto que se podía imaginar, con una cara de niño perverso dentro de un interminable abrigo negro que más bien parecía la sotana de un viudo, y tenía los ojos muy separados, como los de un novillo, y tan oblicuos y diáfanos que habrían podido ser los del diablo si no hubieran estado sometidos al dominio del corazón.
Años después, cuando ya éramos viejos amigos, creí volver a verlo como lo vi aquel día, pues me parece que se recreó a si mismo en uno de los cuentos mejor acabados - El otro cielo -, en el personaje de un latinoamericano sin nombre que asistía de puro curioso a las ejecuciones en la guillotina. Como si lo hubiera hecho frente a un espejo. Cortázar lo describió así: "Tenía una expresión distante y a la vez curiosamente fija. La cara de alguien que se ha inmovilizado en un momento de su sueño y se rehúsa a dar el paso que lo devolverá a la vigilia.". Su personaje andaba envuelto en una hopalanda negra y larga, como el abrigo del propio Cortázar cuando lo vi por primera vez, pero el narrador no se atrevía a acercársele para preguntarle su origen, por temor a la fría cólera con que él mismo hubiera percibido una interpelación semejante. Lo raro es que yo tampoco me había atrevido a acercarme a Cortázar aquella tarde del Old Navy, y por el mismo temor. Lo vi escribir durante más de una hora, sin una pausa para pensar, sin tomar nada más que medio vaso de agua mineral, hasta que empezó a oscurecer en la calle y guardó la pluma en el bolsillo y salió con el cuaderno debajo del brazo como el escolar más alto y más flaco del mundo. En las muchas que nos vimos años después, lo único que había cambiado en él era la barba densa y oscura, pues hasta hace apenas dos semanas parecía cierta la leyenda de que era inmortal, porque nunca había dejado de crecer y se mantuvo siempre en la misma edad con la que había nacido. Nunca me atreví a preguntarle si era verdad, como tampoco le conté que en el otoño triste de 1956 lo había visto, sin atreverme a decirle nada, en su rincón del Old Navy, y sé que dondequiera que esté ahora estará mentándome la madre por mi timidez.
   Los ídolos infunden respeto, admiración, cariño y, por supuesto, grandes envidias. Cortázar inspiraba todos esos sentimientos como muy pocos escritores, pero inspiraba además otro menos frecuente: la devoción. Fue, tal vez sin proponérselo, el argentino que se hizo querer de todo el mundo. Sin embargo, me atrevo a pensar que si los muertos se mueren, Cortázar debe estar muriéndose otra vez de vergüenza por la consternación mundial que ha causado su muerte. Nadie le temía más que él, ni en la vida real ni en los libros, a los honores póstumos y a los fastos funerarios. Más aún: siempre pensé que la muerte misma le parecía indecente. En alguna parte de "La vuelta al día en ochenta mundos" un grupo de amigos no puede soportar la risa ante la evidencia de que un amigo común ha incurrido en la ridiculez de morirse. Por eso, porque lo conocí y lo quise tanto, me resisto a participar en los lamentos y elogías por Julio Cortázar. Prefiero seguir pensando en él como sin duda él lo quería, con el júbilo inmenso de que haya existido, con la alegría entrañable de haberlo conocido, y la gratitud de que nos haya dejado para el mundo una obra tal vez inconclusa pero tan bella e indestructible como su recuerdo.

domingo, 21 de marzo de 2010

KAVAFÍS, yo y mí , ÍTACA..






Kavafis es hoy considerado unánimemente como el mayor lírico griego y uno de los mayores y más originales poetas del siglo XX, a nivel mundial. Es el más editado, traducido y estudiado de los poetas neoelénicos, lo que contrasta con la brevedad de su obra y con el hecho de que nunca publicó un libro. Sus 154 poemas de su madurez, o “poemas canónicos”, fueron editados por él en hojas sueltas, en pequeños tirajes, hojas que eran entregadas a amigos o enviadas por correo a quien se las solicitaba. Solo en 1935, dos años después de su muerte, la Sociedad de Escritores de Alejandría publicó un tomo con aquellos 154 textos canónicos.

La poesía de Kavafis sugiere, esboza o toca algunos de los motivos relacionados con las preocupaciones y angustias del hombre contemporáneo: el destino, la fatalidad, la amenaza oculta, la fugacidad de la vida y la vanidad de las grandezas humanas.” Una delgada y penetrante angustia, surgida en torno al escepticismo, la soledad, el fracaso y la muerte se oculta bajo el velo de sus personajes y episodios griegos en épocas remotas”. Hay también en su poesía un profundo sentido moral, basado en una visión estoica de la dignidad y del cumplimiento del deber a costa del sacrificio.( rodelu.net)

Ítaca. Poema de Konstantino Kavafís

Cuando salgas en el viaje, hacia Ítaca
desea que el camino sea largo,
pleno de aventuras, pleno de conocimientos.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
al irritado Poseidón no temas,
tales cosas en tu ruta nunca hallarás,
si elevado se mantiene tu pensamiento, si una selecta
emoción tu espíritu y tu cuerpo embarga.
A los Lestrigones y a los Cíclopes,
y al feroz Poseidón no encontrarás,
si dentro de tu alma no los llevas,
si tu alma no los yergue delante de ti.
Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas estivales
en que con cuánta dicha, con cuánta alegría
entres a puertos nunca vistos:
detente en mercados fenicios,
y adquiere las bellas mercancías,
ámbares y ébanos, marfiles y corales,
y perfumes voluptuosos de toda clase,
cuanto más abundantes puedas perfumes voluptuosos;
anda a muchas ciudades Egipcias
a aprender y aprender de los sabios.
Siempre en tu pensamiento ten a Ítaca.
Llegar hasta allí es tu destino.
Pero no apures tu viaje en absoluto.
Mejor que muchos años dure:
y viejo ya ancles en la isla,
rico con cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que riquezas te dé Ítaca.
Ítaca te dio el bello viaje.
Sin ella no hubieras salido al camino.
Otras cosas no tiene ya que darte.
Y si pobre la encuentras, Ítaca no te ha engañado.
Sabio así como llegaste a ser, con experiencia tanta
ya habrás comprendido las Itacas qué es lo que significan.


  • “Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino, sino estelas en la mar” A.Machado